Hay recetas que, cuando las pruebas por primera vez, sorprenden por lo sencillas que son… y por lo bien que saben. Estos buttermilk biscuits son exactamente eso: unas pequeñas piezas de masa, doradas por fuera, tiernas y hojaldradas por dentro, que en Estados Unidos forman parte de la cocina más tradicional.
Aunque a primera vista puedan recordar a los scones, no son lo mismo. Los biscuits americanos son más ligeros, menos dulces y con una textura mucho más hojaldrada y delicada. No se desmigan, sino que se abren en capas suaves, casi mantecosas, gracias a la combinación de mantequilla fría y un trabajado mínimo de la masa. Son ese punto intermedio perfecto entre pan y bollería.
Tienen historia, además. Son un básico del sur de Estados Unidos, donde se sirven tanto en desayunos como en comidas: con mantequilla y mermelada, con salsas, acompañando platos salados… o simplemente recién hechos, aún calientes, que es como realmente brillan.
Y aquí es donde entra la sartén de hierro. Hornearlos en una sartén de hierro fundido Lodge marca la diferencia: el calor intenso y uniforme hace que la base quede ligeramente crujiente, mientras el interior se mantiene tierno y lleno de capas. Es ese contraste —exterior dorado, interior suave— lo que hace que sean tan especiales.
Son de esas recetas que invitan a repetir. Porque no requieren técnica complicada, pero el resultado… es de los que apetecen siempre.
Ingredientes
- 240 g de harina con levadura incorporada (self-rising flour), más extra para enharinar
- 115 g de mantequilla sin sal fría (1 stick), más 2 cucharadas adicionales derretidas
- 180 ml de buttermilk*
- 3 cucharadas de manteca derretida (shortening)
Puedes encontrar Buttermilk en la zona de refrigerados de muchos supermercados habituales. Pero también puedes prepararlo fácilmente en casa. Te animo a cómo hacer buttermilk y sus múltiples usos en este post.
Preparación
- Precalienta el horno a 230 ºC. Introduce una sartén de hierro fundido Lodge de unos 26 cm en el horno para que se caliente.
- Coloca la harina en un bol grande.
- Ralla la mantequilla fría directamente sobre la harina con un rallador grueso. Trabajando rápido, distribuye la mantequilla con los dedos.
- Añade el buttermilk y mezcla hasta que justo se integre.
- Pasa la masa a una superficie ligeramente enharinada y, con las manos, aplánala hasta formar un rectángulo de unos 1–2 cm de grosor.
Espolvorea ligeramente con harina y pliega en tercios (como una carta). Repite este proceso de estirar y plegar unas 6–7 veces (menos si notas la masa tensa). - Finalmente, estira la masa hasta un tamaño ligeramente mayor que tu sartén. Corta unos 7 discos con un cortador o vaso. Junta los restos para formar una última pieza.
- Saca la sartén caliente con cuidado, añade la manteca derretida y vuelve a introducirla unos minutos hasta que esté fundida.
- Coloca los biscuits en la sartén y gíralos con un tenedor para que se impregnen por ambos lados.
- Introduce la sartén en el horno y baja la temperatura a 220 ºC. Hornea durante 12–18 minutos, hasta que estén dorados.
- Saca del horno, pinta los bollos con la mantequilla derretida y sirve calientes.
Comentarios y consejos
- La mantequilla debe estar muy fría: es lo que crea esas capas hojaldradas tan características.
- No trabajes en exceso la masa: cuanto menos la manipules, más tiernos quedarán.
- El precalentado de la sartén es clave: ayuda a crear una base dorada y ligeramente crujiente.
- Puedes servirlos dulces o salados: con mantequilla y mermelada, miel, o incluso como acompañamiento de platos salados.
- Si no tienes buttermilk, puedes hacerlo en casa mezclando leche con unas gotas de limón y dejando reposar unos minutos.


